La inteligencia artificial ya forma parte del trabajo cotidiano de muchos profesionales jurídicos. En 2026, el reto ya no es empezar a utilizarla, sino integrarla con estrategia, garantizar la fiabilidad de sus respuestas y convertirla en una herramienta realmente útil para el negocio.
La adopción de inteligencia artificial en el ámbito legal se ha acelerado de forma notable.
Según el Informe de la Industria Jurídica 2026 de 8am, el uso de IA generativa entre profesionales del Derecho ha pasado del 31 % al 69 % en un solo año. Por su parte, el informe Future Ready Lawyer 2026 de Wolters Kluwer sitúa en el 92 % el porcentaje de profesionales que ya utiliza al menos una herramienta de inteligencia artificial.
Redactar borradores, resumir expedientes, revisar contratos o analizar documentación son ya algunas de las aplicaciones más habituales.
Sin embargo, el crecimiento del uso no significa necesariamente que las organizaciones estén obteniendo todo su potencial.
El informe Future of Professionals 2026 de Thomson Reuters señala una importante brecha entre utilización y resultados: el 91 % de los profesionales considera que su organización todavía no está aprovechando todo lo que la IA podría ofrecer.
La diferencia aparece cuando existe una estrategia definida. En las organizaciones que cuentan con ella, el 66 % de los profesionales asegura que la IA cumple o supera sus expectativas. Cuando no existe una estrategia clara, ese porcentaje baja al 22 %.
Esto pone el foco en una cuestión cada vez más relevante: incorporar IA no es lo mismo que integrarla correctamente en los procesos.
La tecnología necesita acompañarse de criterios de uso, políticas internas, supervisión y objetivos concretos.
A medida que aumenta el uso de IA en tareas jurídicas, también crece la preocupación por la precisión de sus respuestas.
Las denominadas alucinaciones de la IA, respuestas aparentemente correctas pero construidas sobre información errónea o inventada, adquieren una importancia especial cuando se trabaja con normativa, contratos o jurisprudencia.
Los profesionales están elevando sus exigencias. Según Thomson Reuters, el 96 % considera prioritario proteger los datos confidenciales, el 94 % exige que las herramientas utilicen contenido autorizado y el 90 % reclama que el razonamiento pueda ser explicado y defendido.
En el sector jurídico, una respuesta “casi correcta” puede no ser suficiente.
Una de las tecnologías que está ganando protagonismo para mejorar la fiabilidad es RAG, Retrieval-Augmented Generation.
Este enfoque permite que la inteligencia artificial genere sus respuestas utilizando documentación concreta previamente seleccionada: contratos, normativa, sentencias, procedimientos internos o bases documentales de la propia organización.
En lugar de depender únicamente del conocimiento general del modelo, el sistema recupera primero la información relevante y construye la respuesta a partir de esas fuentes.
De esta forma, el profesional puede comprobar el origen de la información y mantener una mayor trazabilidad sobre el resultado.
La evolución no termina en las herramientas que responden preguntas.
Otra de las tendencias que marcará el sector será el avance de la IA agéntica: sistemas capaces de ejecutar flujos de trabajo con varios pasos, consultar información, contrastar resultados y detectar posibles inconsistencias antes de ofrecer una respuesta.
A ello se suma el denominado cómputo en tiempo de inferencia, que permite a determinados modelos dedicar más capacidad a razonar y revisar el problema antes de responder.
Estas tecnologías pueden mejorar los resultados, pero no eliminan completamente el riesgo. La supervisión humana continúa siendo esencial, especialmente en actividades con implicaciones jurídicas.
El impacto no se limita a cómo trabajan los profesionales.
También puede afectar a la relación con los clientes, la estructura de los despachos y los modelos de facturación. Cerca de la mitad de los profesionales consultados por 8am anticipa cambios en la forma de cobrar los servicios, mientras aparecen nuevos perfiles especializados en la conexión entre Derecho y tecnología.
Al mismo tiempo, los clientes empiezan a esperar que sus proveedores utilicen la inteligencia artificial para mejorar la calidad, los tiempos de respuesta y la eficiencia.
La tecnología deja así de ser únicamente una herramienta interna para convertirse también en un elemento de competitividad.
Para Absia Legaltech, proveedor homologado de TIC Negocios y consultora especializada en hiperautomatización jurídica, la evolución del mercado apunta hacia una nueva etapa.
La ventaja competitiva ya no estará únicamente en utilizar inteligencia artificial, sino en hacerlo con estrategia, fuentes fiables, trazabilidad y supervisión humana. El propio análisis de Absia señala tres elementos especialmente relevantes: soluciones apoyadas en datos verificables, control humano sobre las respuestas y políticas claras de uso dentro de las organizaciones.
La IA legal entra así en una fase más madura: menos centrada en experimentar con nuevas herramientas y más orientada a demostrar que pueden integrarse de forma segura y útil en el trabajo real.
Como resume la tendencia analizada por Absia Legaltech, la fiabilidad empieza a convertirse en la nueva ventaja competitiva de la inteligencia artificial aplicada al Derecho.
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