Fernando Aparicio Varas, CEO y fundador de Neuratrade Labs, analiza cómo están evolucionando los proyectos de inteligencia artificial en las empresas, qué errores siguen frenando su adopción y por qué los agentes de IA y el GEO marcarán los próximos meses.
Neuratrade Labs, proveedor homologado de TIC Negocios de la Cámara de Comercio de Madrid, trabaja en la aplicación práctica de la inteligencia artificial a procesos empresariales, automatización, ventas, atención al cliente e internacionalización digital.
Al frente de la compañía está Fernando Aparicio Varas, CEO y fundador, con una trayectoria vinculada a la estrategia de negocio, la tecnología, la internacionalización empresarial y la formación ejecutiva. En esta entrevista hablamos con él sobre cómo pasar de experimentar con IA a obtener resultados medibles.

Mi recorrido profesional siempre ha estado a caballo entre la estrategia de negocio y la tecnología: consultoría, internacionalización empresarial y formación ejecutiva, entre otras etapas.
Desde hace años combino esa actividad con la docencia en escuelas de negocio, donde trabajo junto a directivos que se enfrentan a la digitalización de sus organizaciones.
Neuratrade Labs nace de esa intersección: la necesidad, cada vez más evidente en las empresas con las que trabajábamos, de pasar de hablar de IA en abstracto a aplicarla de forma muy concreta en procesos, ventas y atención al cliente.
Probablemente los años dedicados a la internacionalización de empresas y a la formación ejecutiva.
Ahí aprendimos que la tecnología nunca resuelve nada por sí sola: lo que marca la diferencia es cómo se traduce en decisiones y procesos concretos dentro de una organización.
Esa mirada nos ha llevado a no vender IA como un fin, sino como una palanca al servicio de objetivos de negocio muy tangibles: reducir costes, acelerar ventas o liberar tiempo de los equipos.
Somos una consultora de IA aplicada, especializada en pymes y empresas medianas, aunque también trabajamos con compañías de mayor tamaño.
Nuestro papel no es vender tecnología, sino resolver problemas concretos: automatizamos procesos, desplegamos agentes de IA y conectamos los sistemas de la empresa —CRM, ERP o marketing— para reducir costes y acelerar ventas, con impacto medible.
Trabajamos con un enfoque muy pragmático: auditamos, definimos qué se va a medir, implantamos y comprobamos el resultado antes de dar el proyecto por cerrado.
La señal más clara es cuando cada departamento usa una herramienta distinta, sin criterio común ni supervisión: marketing prueba una IA, ventas otra y alguien de administración copia información sensible en un chat sin control.
Ahí hay adopción, pero no estrategia ni gobernanza.
Otra señal habitual es que la IA se use solo para tareas puntuales y nunca llegue a integrarse con los sistemas reales de la empresa, como CRM o ERP. En ese caso, el impacto se queda en una anécdota y no en un resultado con impacto real en el negocio.
Vemos especial potencial en atención al cliente de primer nivel, en la gestión comercial —cualificación de leads, seguimiento o propuestas— y en tareas de back-office que consumen muchas horas y aportan poco valor diferencial.
Por ejemplo, conciliaciones, reporting o respuesta a consultas internas repetitivas.
En todos estos casos, la clave no es sustituir a las personas, sino liberar su tiempo para lo que realmente requiere criterio humano.
Es una figura que actúa como responsable de la estrategia de IA de la empresa en modalidad de servicio, sin que la compañía tenga que incorporar ese perfil a tiempo completo.
Define la hoja de ruta, prioriza casos de uso, supervisa la calidad y el retorno de las implantaciones y vela por la seguridad y el buen uso de los datos.
Es especialmente útil para pymes que quieren avanzar en IA con criterio, pero que todavía no tienen el tamaño o la necesidad de contratar a alguien en plantilla para ese rol.
Estos agentes funcionan como un “cerebro interno” del equipo. Responden de forma inmediata y coherente a preguntas frecuentes de ventas, operaciones, atención al cliente o finanzas, apoyándose en la documentación propia de la empresa.
Pasamos así de un escenario de dependencia de una sola persona que “lo sabe todo” a otro de asistencia y coherencia para todo el equipo.
El límite está claro: no sustituyen el criterio ni la decisión final humana en lo que tiene impacto relevante para el cliente o el negocio. Su papel es acelerar y dar consistencia, no decidir por la empresa.
Es probablemente el punto que marca la diferencia entre un proyecto de IA que se queda en demo y uno que genera impacto real.
Si el agente o la automatización no está conectada al CRM, al ERP o a las herramientas de marketing, obliga a las personas a hacer el trabajo doble: usar la IA por un lado y actualizar los sistemas reales por otro.
La integración es lo que convierte una respuesta inteligente en una acción de negocio: una venta registrada, un ticket cerrado o un dato actualizado.
Antes de empezar cualquier proyecto pactamos con el cliente qué se entiende por resultado y cómo se va a medir.
Puede ser tiempo ahorrado, reducción de costes, incremento de ventas o mejora en tiempos de respuesta.
A partir de ahí trabajamos con indicadores concretos: horas liberadas por semana, porcentaje de consultas resueltas sin intervención humana, coste por proceso antes y después o impacto en conversión comercial.
Sin esa medición previa, es imposible saber si un proyecto de IA ha funcionado o solo ha generado ruido.
El más habitual es empezar por la herramienta en lugar de por el problema: comprar o probar una IA de moda sin tener claro qué proceso se quiere mejorar ni cómo se va a medir el éxito.
También es muy común subestimar la importancia de los datos y la documentación interna. Si la información está dispersa, desactualizada o desestructurada, cualquier agente heredará ese mismo desorden.
Y, por último, tratar la IA como un proyecto de IT aislado, sin involucrar a las personas que van a convivir con ella en el día a día.
Sin entrar en datos confidenciales, un patrón que se repite con frecuencia es el de empresas que destinaban varias horas a la semana a responder manualmente las mismas preguntas de clientes o proveedores.
Al desplegar un agente conectado a su documentación y a su CRM, ese tiempo se reduce de forma muy significativa y el equipo puede dedicarse a las conversaciones que realmente requieren su criterio.
Es el tipo de resultado que buscamos siempre: medible, concreto y sostenido en el tiempo.
Estamos viviendo un cambio de fondo: cada vez más usuarios, antes de buscar en Google, preguntan directamente a una IA.
Eso significa que la visibilidad de una empresa ya no depende solo de aparecer en los primeros resultados de búsqueda, sino de que esa IA la mencione, la describa bien y la recomiende con confianza.
Es un terreno nuevo, con reglas distintas al SEO tradicional. Las empresas que no trabajen su presencia ahí corren el riesgo de quedar invisibles para una parte creciente de sus clientes potenciales.
En general, no.
La mayoría de las empresas con las que hablamos todavía no han incorporado el GEO a su estrategia, entre otras cosas porque es un concepto muy reciente.
Nuestro trabajo se apoya en tres palancas: claridad, estructurando bien la información de la empresa; evidencia, generando contenido verificable en el que la IA pueda apoyarse; y presencia multiplataforma.
Empezamos siempre con una auditoría de cómo aparece hoy la empresa cuando se le pregunta a distintas IAs, que suele ser el primer motivo de sorpresa para el cliente.
Recomendamos siempre tres cosas: tener claro qué problema de negocio se quiere resolver, revisar el estado real de los datos y sistemas que va a utilizar la IA y definir de antemano cómo se va a medir el éxito.
Sin esos tres puntos resueltos, cualquier inversión en IA corre el riesgo de quedarse en un piloto que nunca escala.
Es, con diferencia, el factor que más determina el éxito o el fracaso de una implantación.
Hemos visto proyectos técnicamente muy sólidos fracasar porque el equipo no confiaba en la herramienta o no entendía para qué servía, y proyectos más sencillos triunfar porque hubo un buen acompañamiento al equipo desde el principio.
Por eso dedicamos tiempo a explicar, acompañar y ayudar a los equipos, no solo a implantar tecnología.
Formar parte de este ecosistema nos da algo muy valioso: credibilidad y cercanía con el tejido empresarial de Madrid.
Nos permite llegar a empresas que buscan un proveedor de confianza, avalado por la Cámara, en un momento en el que abundan las promesas poco fundamentadas en torno a la IA.
Para nosotros es también una responsabilidad: mantener siempre ese mismo rigor y enfoque en resultados que nos ha traído hasta aquí.
Creemos que la tendencia de fondo será la consolidación de los agentes de IA como parte estable de los equipos, no como un experimento aislado, y el crecimiento del GEO como una nueva disciplina de visibilidad, al mismo nivel de importancia que el SEO hoy.
En paralelo, esperamos ver a más empresas exigir modelos de pago por resultados en proyectos de IA, en lugar de pagar solo por horas o licencias.
Fernando Aparicio Varas es CEO y fundador de Neuratrade Labs y está especializado en IA aplicada a procesos empresariales, internacionalización digital y negocio digital. Neuratrade Labs forma parte del ecosistema de proveedores homologados de TIC Negocios de la Cámara de Comercio de Madrid.
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